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José María Palma es un ilusionista malagueño, conocido en esa ciudad por sus continuas apariciones en la televisión local de esa ciudad.

Quizás solo dos efectos mágicos sean los que han hecho correr más litros de tinta en libros y periódicos.

Uno fue el Dado de Kohtla y el otro la Cuerda India. Los dos son una fuerte llamada a la ilusión del misterio. Hoy nos ocupamos de la extraña leyenda de la cuerda india. La India, que siempre nos ha embrujado con sus misterios, hacía que los viajeros de finales del siglo XVIII y principios XIX llegaron a Europa contando, más o menos así, esta fantástica historia:

De pie, en una gran plaza o en pleno campo, rodeado de espectadores (por lo tanto imposible de toda sospecha), un hindú sucio, harapiento y de cara desagradable, lanzaba hacia el cielo una larga y pesada cuerda quedaba suspendida milagrosamente en el aire, absolutamente rígida. Un joven ayudante del fakir sube por esta cuerda, para desaparecer finalmente entre las nubes.

Entonces el fakir le llama y como aquél no baja se enfurece, y colocándose un cuchillo entre los dientes sube en busca de su ayudante. Los dos se pierden misteriosamente en las alturas.

Unos instantes más tardes se oyen en el aire unos desgarradores gritos de dolor. Súbitamente, los miembros ensangrentados de un cuerpo humano caen al suelo ante los ojos aterrorizados de los espectadores.

Finalmente, cae la cabeza cortada del joven dando un macabro y seco golpe en el suelo. Luego, el fakir aparece descendiendo de la cuerda y cubierto de sangre, y llevando su cuchillo –esta vez ensangrentado- ente los dientes.
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Una vez en tierra, parece arrepentirse del crimen que acaba de cometer. Con respeto y emoción, junta los pedazos del muchacho y metiéndolos en una cesta murmura unas palabras incomprensibles y guturales, que acompaña con cabalísticos y misteriosos gestos.

Y de pronto, ¡el milagro!… Lentamente, la tapa del cesto se abre y el joven asesinado sale despaciosamente, entero, perfectamente recompuesto y vivo.

Seguidamente, el fakir y su ayudante pasan el platillo para recoger la recompensa de su morbosa proeza, entre el humo y el fuerte olor de extraños perfumes, que siempre estuvieron presentes en el espectáculo.

Con algunas variantes, esto era lo que contaban aquellos viajeros .Ninguna exhibición mágica ha sido tan discutida como ésta. Se dice que testigos presénciales fotografiaron o filmaron este alucinante espectáculo.

La película, revelada, se presentó… virgen de toda impresión.

Ciertos exploradores han pretendido demostrar que fueron víctimas de una sugestión colectiva y evidentemente falsa. Toda clase de conjeturas han surgido en torno a esta misteriosa fantasmagoría, desde las esotéricas hasta las más racionales de sesudos de Oxford.

Los magos modernos, entre ellos Wolfgang Kalanag, han recreado este alucinante efecto en diversos escenarios del mundo.

¿la ilusión que nos presentan los magos es la misma que la de aquella leyenda? Esta verdad racional, ¿es la solución del enigma?; ¿o éste, sigue oculto entre los misterios insondables de la India? La verdad de la fantasía es, a veces, más fuerte que la de la propia realidad

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