Hace algunos días que finalizó el FISM 2015 y los comentarios y opiniones de los asistentes han empezado a circular por la red, desde una mala organización hasta una «comercialización fuera de lugar» de los participantes, algunos de los cuales se han sentido vilipendiados e incluso se podría decir que insultados en su espíritu de artista.

Lo que se supone que tenía que ser un acto festivo en el que la magia, el ilusionismo,la prestidigitación, la camaradería y el jolgorio fueran los elementos principales, se ha visto enturbiado por algunos acontecimientos y decisiones poco afortunadas

¿Quiere esto decir que todo se hizo mal?

Probablemente no, pero la sensación de que el control no lo tenía el FISM era más que manifiesto, especialmente cuando se ve desde fuera, y te enteras de lo que está pasando por dentro.

Partamos de la base que el mundo de la magia es un mundo controvertido, en el que parece que siempre hay dos grupos, los que están a favor y los que están en contra, aunque en realidad ninguno de los dos grupo sabe a favor o en contra de que están.

En este FISM las controversias han venido por dos cuestiones principalmente:

* La venta de los derechos de difusión televisiva del festival.
* Las decisiones del jurado.

Con respecto a la primera, y tras ponerme en contacto con algunos de los participantes, todos coinciden en que se les advirtió que podrían ser grabados, y una vez en el congreso les hicieron firmar que aceptaban esta condición.

Sin embargo, las condiciones recogen su posible grabación y su posible gratificación. Pero el problema no ha venido por esto, el problema surge cuando no es el FISM quién tiene «el mando de la operación» y se lo transfieren a un programa de televisión, que manipula, organiza y dicta las bases.

(Espero que Juan Mayoral no se molestara mucho por mi artículo anterior, pero en el fondo sigo pensando que tenía que haber cogido a todo el público y habérselo llevado a la calle y hacerle allí «un par de trucos», pero teniendo más datos sobre lo ocurrido, pienso que todos tenían que haber actuado igual)

El FISM nunca tenía que haber perdido la «vara de mando». Nadie, ni participantes, ni asistentes, tenían que haberse dado cuenta de que había una «mano negra» dirigiendo el entramado, en primer lugar porque no tiene que haber ninguna «mano negra», y en segundo lugar, porque la Federación Internacional de Magia tiene que defender lo que es suyo y por lo tanto de todos los magos a los que representa.

Conste que estoy a favor de que este tipo de espectáculos se emitan por televisión, pero siempre que toda la parafernalia para ello permanezca en un segundo lugar, oculto, no visible ni detectable, y mucho menos «ordenando y mando».

Una cámaras de televisión discretamente colocadas, y, por supuesto, que solo se emita aquello que los propios artistas hayan dado su consentimiento, previa compensación económica, y con un equipo de profesionales que entiendan de magia, el primero el realizador.

Juan Mayoral, aplaudido por muchos, criticado por pocos, puso la «guindilla al pastel» y lo que no había trascendido a nivel general alcanza unos causes de casi «crisis mundial» cuando sale al escenario y dice: «Hoy no me siento mago, hoy he perdido mis poderes…»

¡Terrorífico!… ¡Un mago ha perdido sus poderes!…

No puedo por menos que acordarme de aquella frase atribuida a Woody Allen, que dice: “El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.”

La «política-la mafia-la ineptitud» del FISM fue quien hizo desaparecer al mago, al mago llamado Juan Mayoral, pero el asunto es más grave, esa ineptitud de la Federación, hizo desaparecer la ilusión del público que deseaba ver esa actuación, y ¿que es un mago si no tiene un público con ilusión?

Deseo que esta desilusión no sea un mal contagioso que se convierta en pandemia mundial, y que por culpa de los que tendrían que velar y favorecer el mundo de la magia nos veamos envueltos en un mundo sin magos.

Pero además fomentó esa sabida realidad de la dualidad, los que están a favor y los que están en contra.

La ineptitud se paga, pero lamentablemente siempre la pagan los inocentes, en este caso el público y todos los que amamos la magia.

La segunda cuestión ha sido las decisiones del jurado, hay que reconocer que no todo el mundo va a estar de acuerdo con ellas, precisamente,tal vez, por eso se llamen «fallos».

Cada componente del jurado valorará según «le venga en gana», según las horas que lleve viendo magia, según si le gusta más o menos la especialidad, y según le caiga más o menos simpático el mago de turno, según del país que sea el actuante, y que se dejen de cuento que no se lo creen ni un niño a la hora de dormir, y si a esto le añadimos, que el jurado es un simple títere de la organización, y que es esta quién tiene la última palabra, «apaga y vámonos», ya que la sensación de «libre albedrío» se instaura como norma, según los que hemos visto todo esto desde fuera.

Daniel Mormina, mago argentino, se quejaba en su Facebook: «»El puntaje que saque fue de 66 puntos. El escalafón de puntajes es de tercer premio pero por decisión de algunos jueces han determinado que no hubiera puntaje de primer premio quedando desierto y que halla 2 segundos premios y un tercer premio. Las deciciones de los jueces son inapelables así que una vez me dijo un grande sentado frente a frente en un bar de Bogota, las decisiones de los jueces no las podes apelar y si tenes intenciones de hacerlo no te presentes. Ese extraordinario mago era Rene Lavand.»

Woody Aragon, mago español, también se queja tras su descalificación: «Sé lo que es la FISM y cuando decido venir soy consciente de que hay «politiqueos», de que la perfección que se nos exige luego no es aplicable a la organización a la hora de que respondan mínimamente a tus requerimientos técnicos (músicas que no entran, o entran en el momento erróneo, luces inadecuadas, pantallas en las que no se ven las cartas…)»

Gustavo Lorgia también es crítico con la organización del FISM. Hasta el punto de que se da de baja de la organización.

Gustavo Lorgia también es crítico con la organización del FISM. Hasta el punto de que se da de baja de la organización.

y otros muchos más ejemplos que vienen a demostrar lo que todos ya saben.

Aquella imagen bucólica de un canal de Venecia con la góndola «levitando» se ha convertido en otra más siniestra que ya circula por internet.

bienvenidos