Fotografía de Boians Cho Joo Young.-  Stock photo

Fotografía de Boians Cho Joo Young.-
Stock photo

El compañero de colaboraciones en Doble Dorso, Luis Noval ha abierto un debate con un artículo publicado en su blog “Quien tiene magia no necesita truco” sobre la conveniencia o no de las pruebas que se realizan en la mayoría de los círculo mágicos, para la admisión de un nuevo socio, tema muy interesante y que os aconsejo que leáis.

Los comentarios a favor y en contra en Facebook están empezando a crear la polémica.

Casi todos los que hemos pertenecido o pertenecemos a un círculo mágico hemos tenido que pasar ese examen de afición.

¿En que consiste esa prueba de afición? ¿es una prueba de habilidades? ¿de conocimiento? ¿de interés? ¿Cómo se demuestra la afición de una persona hacia algo? …

¡Ninguna de ellas! Ni considero que tenga que ser eso, siempre y cuando los “viejos del lugar” en comité hayan decidido quién tiene a conocer los “secretos de nuestro mundo y la sabiduría que nos impera”

Descubrir al “embaucador” que pretender robar nuestros secretos no es tarea fácil, pero si alguien tiene la paciencia de estar acudiendo semanalmente a las reuniones de magos durante meses, y tiene el arrojo de aprender las complicadas, en algunas ocasiones, técnicas que manejamos, ¿le va a mover solo la curiosidad y una vez que tiene a su alcance los “recónditos secretos del mundo de la magia” la va a abandonar, porque solo le movía la curiosidad?

Quién se adentra en este mundo, es difícil que lo deje, la musa te engatusa y te atrapa con su belleza y “buenas artes”.

La verdadera prueba de admisión se debe de pasar día a día, reunión a reunión, y el “examen” debe ser un mero “trámite” para festejar que un nuevo miembro forma parte de nuestra comunidad.

A lo largo de muchos años, he asistido a exámenes “puros y duros” en donde los nervios imperaban por los “novatos” y a exámenes en el que todos participaban, y aplaudían y se reían como si aquel “iniciado” nos hubiera dado el mejor espectáculo del mundo, de ellos me quedo con este último, en donde la camaradería, las ganas de divertirse, y el aplauso sincero hacen que los nervios no aparezcan, y el aspirante de todo de sí, para formar parte de esa “panda de golfos” que se escudan en la magia para hacer sus “diabluras”.