Un escenario no es un cumpleaños” es solo una frase para resumir el pensamiento que muchas veces me viene a la cabeza. En este sentido creo que otros estilos de la magia nos llevan ganado mucho terreno a los que hacemos magia infantil, y me explico.

Creo que cuando actuamos en un escenario, muchas cosas deben cambiar de cuando lo hacemos en un sitio pequeño. La magia infantil suele ser magia de salón, y cuando nos toca hacer magia en un escenario grande, muchas veces el mago puede perderse, desubicarse y pasar cosas por alto. Debe cambiar nuestra decoración, nuestros movimientos, nuestro material y muchas veces hasta nuestros juegos.

AUTOR DEL ARTÍCULO: Luigi se define como “un mago raro”, no solo te rapea haciendo los aros chinos, si no que te hace el “siempre seis” montado en bicicleta. Entre otros sitios, en el 2016, lo hemos podido ver en el “I festival de magia, Ronda, ciuda mágica” y en el IX festival internacional Extremagia 2016.

Nos pasa que tenemos juegos que funcionan muy bien en salón pero quedan perdidos en la amplitud de un escario. Si en un salón fuerzo una carta para determinado juego, debo tener en cuenta que en un teatro, el que está en la tercera fila solo ve los puntos de la carta y de la quinta fila hacia atrás ni siquiera ve eso. Y como este ejemplo podríamos poner muchos.

Para hacer magia en un escenario hay que dominar más facetas, además de las puramente mágicas: hay que iluminar la escena, saber si nos interesa abrir el telón completo o no, saber si nos interesa tener altavoces que hagan de monitores para escucharnos o escuchar nuestra música, controlar los ángulos, y sobre todo, saber que lo que vamos a hacer se va a ver desde donde está el público.

Caso aparte son las galas compartidas. Estamos muy acostumbrados a ver galas en las que varios magos hacen algunos de sus números. Cuando los magos infantiles debemos compartir una gala, muchas veces se convierten en galas eternas y con juegos que funcionan muy bien en salón, pero no en escena. Cierto, no estamos acostumbrados a hacer números de 15 minutos. Nuestro estilo requiere ciertos juegos para que el público conozca a nuestro personaje, pero tenemos que trabajarlo de otra manera. También nos cuesta la misma vida adaptarnos al tiempo que se nos indica, estamos acostumbrados a hacer nuestro show completo, sabemos sin necesidad de mirar el reloj cuando llevamos una hora actuando, pero los 15 minutos suelen convertirse en 25, con lo que eso conlleva para los compañeros que actuarán detrás de nosotros.

Mi reflexión de hoy iba por ahí. Creo que si queremos poner a la magia infantil a la misma consideración que el resto de estilos, tenemos que trabajarlo un poco más. Muchas veces somos nosotros los primeros que no nos respetamos, o no respetamos nuestro trabajo. Hacer espectáculo es algo más que saber manipular muy bien los objetos.

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