ID-100116556No sé muy bien cómo expresarte lo que siento, querido lector. Pero bueno, voy a intentarlo con palabras, que a lo mejor con runas celtíberas te pierdes un poco.Comprendo perfectamente a Peter Pan. ¿Sabes quién es, no? Ese niño que no quería crecer y que quería ser feliz en aquel país maravilloso. Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer, ¿recuerdas?

Ser niño es algo increíble. Me encantaría volver a tirarme por los suelos haciéndome heridas en las rodillas y que al día siguiente se me hubiese olvidado. Volver a jugar un partido de fútbol con mi abuelo para que me dijese “Luis, mira, un avión” señalando al cielo y mientras yo miraba él aprovechaba para marcarme un gol. Voler a despertarme un 6 de diciembre pegando gritos en la cama “YA HAN LLEGADO LOS REYES MAGOS”. Que los mayores me metiesen en una mata y me lanzasen hacia arriba. Jugar en la arena del cole, en aquel tobogán grande al que todos llamábamos “el barco”. Ningún adulto nos entendía, pero para nosotros seguía siendo “el barco”. Tantas cosas…

Es verdad que crecer tiene sus ventajas, pero tiene muchísimas desventajas. Cuando eres adulto eres consciente de casi todo, mientras que con cinco añitos no te enteras de nada, pero te da igual. Lo peor de toser adulto: ¡¡tienes responsabilidades!!

Las decisión más importante que tomabas cuando eras niño era qué pokémon escoger en el laboratorio del profesor Oak cuando jugabas a la GameBoy Advance o a la Nintendo DS. Sentías una tensión… Pensabas “es que si elijo al de tipo agua me quedo sin el de fuego y el de planta”. Era todo un dilema. Ponte en situación, yo ahora mismo me plantearía lo mismo, aunque pensaría también un poco en qué problemas sociales tendrían los pokémon. ¿Se pelearían por el territorio como hacemos los hombres? ¿Serían tan imbéciles de pensar que porque uno fuese de tipo eléctrico y otro de tipo roca no podían ser amigos? Porque la comparación es igual que los que piensan que unos de color negro son peores que unos de color blanco, pero en los pokémon eran amarillo y marrón. Es lo único que cambia. Bueno, y que algún pokémon tiene mejores sentimientos que más de un humano. Y a parte están los que dicen que no son racistas pero lo son más que nadie. ¿Sabes una cosa? No sé si serás racista o no, pero si lo eres te voy a contar un secreto que nos contó mi profesora de historia el año pasado: todos los humanos venimos de una especie anterior y uno de tus antepasados, tataratataratataraantepasado tuyo se llamaba Lucy y era una mona, bajita, negra y patizamba. Así que seguid criticando, pero venimos del mismo sitio.Volviendo al tema de la infancia, creo que era una época maravillosa. Esa época en la que te podías romper los pantalones y te daba igual, o te manchabas de barro y no pasaba nada.

¿Has visto la película Hook: el capitán Garfio? Es de Peter Pan, pero se le ha olvidado que es Peter Pan. No sabe luchar contra los piratas ni sabe volar y tiene que recordarlo de nuevo. Aquí podríamos hacer una comparación con el alma concupiscible de Platón, pero nos daría para otra entrada… Si no la has visto tienes que verla, es muy buena. El caso es que Campanilla vuelve a instruir a Peter para que vuele y a parte del polvo de hadas necesita un pensamiento feliz. Le dice “piensa en algo feliz” y sus recuerdos son de la infancia, con su osito de peluche…

¿Por qué no vamos a jugar con unas cartas que parecen de niños chicos? Mira, tiene dibujitos de un mago que hace magia de verdad. ¿Por qué no va a ser el mundo de la infancia mas real que el de los adultos?

De verdad creo que esa magia de los pensamientos felices existen. Quizá no volemos literalmente, pero nos transportan a un país que no aparece en Google Maps. Quizá no se llame Nunca Jamás, o quizá sí. No lo sé, pero desde luego, lo que sí sé es que necesitamos aprender a volar con pensamientos felices. Ahora mis hace falta más que nunca.

 

DATOS DEL SITIO ORIGINAL

  • Título original del artículo: Infancia mágica
  • Sitio web: Quien tiene magia no necesita trucos
  • Autor: Luis Noval
  • Los derechos de este artículo pertenecen a su autor, y ha sido reproducido en “Doble Dorso” con permiso.